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Viajes – Dubrovnik

19 enero, 08
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Entre los lugares que he tenido la suerte de estar, Dubrovnik es sinceramente uno de los sitios que con mejor ánimo recuerdo.

Foto tomada en el lugar por mi:

Origen: wikipedia.

Dubrovnik o Ragusa es una ciudad costera de la actual Croacia ubicada en el sur de la región de Dalmacia. Tiene una población (2001) de 43.770 habitantes. Es uno de los centros turísticos más importantes del mar Adriático. Se la conoce como “la perla del Adriático”. Capital del condado de Dubrovnik-Neretva. Dubrovnik es una ciudad rodeada de murallas y fortificaciones, al pie de una montaña que cae a pico sobre las del Mediterráneo.

En 1979, la ciudad antigua de Dubrovnik (el recinto amurallado) fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO; la declaración fue ampliada en 1994.

Historia [editar]

Ragusa se fundó para unir dos pequeñas ciudades: Laus que estaba en una pequeña isla al sur de la costa dálmata y Dubrava un asentamiento eslavo en una colina. La ciudad se llamó oficialmente Ragusa hasta el año 1909. Nació en las cercanías de la antigua Epidaurum (emplazamiento de la actual Cavtat o Ragusa Vieja).

En el siglo VII, los habitantes de la región para acabar con las invasiones eslavas que destruían sus casas, se refugiaron en un pequeño pueblo de pescadores, sobre un grueso roquedal, y lo fortificaron. Rápidamente, este refugio grecolatino se «eslavizó» a su vez. Los árabes no tardaron mucho en interesarse por este puerto cada vez más próspero y lo atacaron en el siglo VIII.

Se cuenta que el mismo Roldán, el famoso caballero, acudió en ayuda de la ciudad asediada y la liberó del invasor. En el siglo IX, Ragusa era ya la ciudad más importante de Dalmacia, y formaba una pequeña república independiente (la llamada República de Ragusa) bajo la soberanía nominal de los emperadores de Bizancio, y después de los reyes de Serbia y de Croacia. La ciudad y su término municipal ocupaban apenas una superficie de unos 1.000 m2, pero sus navíos surcaban todos los mares del Levante, desde el Adriático hasta el Bósforo.

Como Venecia, disponía de su propia flota de guerra para defenderse, pero no fue suficiente para impedir que los normandos se adueñaran de la ciudad en 1081.

En el Siglo XII se erigieron murallas alrededor de la nueva ciudad para protegerse de las invasiones que venían, tanto de Oriente como de Occidente. A finales de dicho siglo, Ragusa era una de las República que escogía a su gobernante de manera democrática. La pujante república de Venecia, cuyos barcos hacían escala en la costa dálmata, anhelaba anexionarse este puerto estratégico para sus fines comerciales. La armada veneciana se puso en movimiento en 1205 y conquistó la ciudad. La conservó hasta que, en 1358, con Ragusa transformada en Dubrovnik (del término croata dubrava, bosque de robles) después de la absorción de los suburbios eslavos, consiguió un estatuto especial. Tras aceptar el nombramiento de un obispo, los raguseos conservaron el control comercial y político de su ciudad. Al compartir los poderes, consiguieron mantener sus principales prerrogativas en los asuntos ciudadanos. Cuando Venecia se retiró de Dubrovnik, aparecieron los turcos por el este.

La Atenas eslava [editar]

En 1364, es decir, 24 años antes de la famosa batalla de Kosovo, Dubrovnik firmó con el sultán del Imperio otomano un tratado de alianza y protección, el primero establecido entre un país musulmán y un Estado cristiano. Gracias a este acuerdo, Dubrovnik fue respetada por la invasión otomana que pasó muy cerca sin reparar en ella. Conviene subrayar una cuestión interesante. El límite histórico de la expansión turca corresponde exactamente a la frontera actual entre Croacia y Bosnia-Herzegovina. Los turcos se detuvieron en la cima de la montaña que domina como una muralla natural la ciudad, pero no descendieron. Concedieron una especie de privilegio a esta pequeña ciudad cristiana (católica, no ortodoxa) activa, apaciblemente ocupada en la industria y el comercio. A cambio de la protección, Dubrovnik debía pagar un tributo al sultán. Una delegación se dirigía cada año a Constantinopla para cumplir la formalidad. Aquélla debía permanecer un año en el lugar, sirviendo de esta manera de rehén hasta que llegase el siguiente tributo. Desde 1421, los armadores de la ciudad obtuvieron el privilegio de comerciar con Asia y África. Con el monopolio del comercio marítimo en las provincias greco eslavas, Dubrovnik rivalizó con Pisa y Venecia en riqueza y con Florencia en cultura. Adelantada del mar, coqueteó, se sometió, pactó con muchos poderes, sobre todo con la Venecia rival. Además, Ragusa llegó a tener consulado en Sevilla y envió en las carabelas de Colón a dos de sus marinos en el primer viaje del Almirante [1].

La ciudad mereció el sobrenombre de Atenas eslava. De aquí surgieron el famoso médico Baglivi, el astrónomo Rudier Boskovich y el sabio benedictino Banduri, que fue secretario del duque de Orleans (1724). Gracias a ello, la ciudad consiguió mantener su independencia durante cerca de mil años. Incluso ocupada, la república de Ragusa conservó una notable autonomía gracias a la habilidad de la diplomacia.

Una ciudad libre en el Adriático [editar]

Toda la economía de Dubrovnik se basaba en la navegación y el comercio marítimo; es decir, en los barcos. Navegar era tan importante que cada hombre debía plantar a lo largo de su vida cien cipreses. Después de cincuenta años, esa madera serviría para la construcción de barcos. Para ello, sumergían la madera en agua de mar, y luego la ponían a secar. La sal tapaba los agujeros y la endurecía. Esta costumbre explica la abundancia de cipreses en las colinas que rodean la ciudad. En la época de su máximo esplendor (siglo XVI), la flota de Ragusa se componía de doscientos barcos. La expansión prosiguió hasta 1667, en que un seísmo destruyó casi por completo la ciudad, causando la muerte de casi 5.000 personas. En el siglo XIX, los barcos de mercancías dejaron el lugar a los buques de emigrantes que partían hacia América.

El puño de hierro de Napoleón [editar]

Después de obtener victorias decisivas sobre Austria, Napoleón se apoderó de territorios situados al sur de los Alpes, en el litoral adriático, entre Trieste y Dubrovnik y se precipitó sobre ellos. El 31 de enero de 1808, un decreto napoleónico puso fin a la república de Ragusa, que fue incorporada en 1809 a las Provincias ilirias. El mariscal Marmont (duque de Ragusa) se convirtió en el gobernador de las Provincias ilirias (18091813) bajo control de Francia. Los franceses no permanecieron mucho tiempo, pero dejaron su impronta en la memoria colectiva. Humillados por un ejército de conquistadores extranjeros, los nobles se vieron forzados a abandonar el poder y sus privilegios. Pero si los nobles no apreciaron las modificaciones de los franceses, las obras que éstos realizaron fueron notables: construyeron una fortificación en la cima de la montaña que aún subsiste y una larguísima carretera, aún en uso que iba desde la frontera italiana hasta la región de Dubrovnik. Reorganizaron ventajosamente el sistema escolar y concedieron a los judíos de la ciudad un estatuto de igualdad con los demás ciudadanos. En 1815, en el congreso de Viena, fue abolido el Imperio napoleónico. Dubrovnik y su territorio pasaron entonces al control austriaco, bajo el cual permanecieron hasta 1918, fecha del fin del Imperio Austrohúngaro. El declive de la Atenas eslava no hizo más que agravarse.

Entre las dos guerras mundiales (de 1918 a 1941), Dubrovnik se hundió en el marasmo. Vivió como una ciudad empobrecida, en la nueva Yugoslavia. El régimen de Tito, durante las décadas de 1960 y 1970, Dubrovnik salió de su ostracismo y encontró una cierta prosperidad y sobre todo dignidad, convirtiéndose en el centro de veraneo más solicitado del país, el “escaparate” de Dalmacia. Cuando el comunismo se hundió en 1989, Yugoslavia se desmembró y la guerra explotó inmediatamente después. Y Dubrovnik regresó a los tiempos oscuros.

Guerra y paz [editar]

En 1991 los electores de la región de Dubrovnik votaron, casi de forma unánime, por la república de Croacia. Para detener ese proceso de independencia el ejército, compuesto en su mayoría por serbios y montenegrinos, declaró la guerra a los croatas. Lanzó un ataque de extrema virulencia (terrestre, marítimo y aéreo al mismo tiempo) sobre Dubrovnik. Su objetivo era anexionar toda la región a la “Gran Serbia”, dando caza a los croatas en su propia tierra. El 6 de diciembre de 1991, la artillería serbia bombardeó sin cesar la ciudad desde la cima del monte Srdj. La ciudad, desarmada, fue asediada durante seis meses. En los alrededores, muchos pueblos y millares de casas fueron ocupados por los soldados serbios y montenegrinos. La población huyó al extranjero o se refugió en los hoteles de la ciudad.

En el transcurso de estos años negros, no acudió ningún turista a Dubrovnik; sólo había grupos de desplazados, totalmente traumatizados, hacinados en las habitaciones de los hoteles. Cerca de 33.000 personas se vieron obligadas a dejar sus hogares. Bombardeos, pillaje, incendios, destrucción, detenciones, asesinatos,… El mundo entero contempló impotente esta agresión salvaje a la “perla del Adriático”, que había sido incluida por la Unesco en la lista del Patrimonio de la Humanidad. Entre octubre de 1991 y agosto de 1995, murieron cerca de doscientos soldados croatas en Dubrovnik, y unos cien civiles perecieron a causa de los bombardeos. Más de trescientas personas de la región fueron internadas y torturadas en los campos de Montenegro o en el este de Bosnia-Herzegovina.

El balance fue desastroso: millares de obuses asolaron las iglesias, los palacios, las mansiones históricas. Uno de cada tres edificios se vio afectado y una decena de casas fueron totalmente destruidas. Más de 2.000 impactos de bala en los muros, centenares de avenidas agujereadas por las explosiones de las bombas. Pero no se destruyó ni un pedazo de muralla: “La libertad no se vende ni por todo el oro del mundo”, es el lema ancestral de esta ciudad. Hoy, Dubrovnik ha reencontrado la libertad: casi han desaparecido las huellas físicas de la guerra. Se han reparado los tejados y la prosperidad está cada vez más al alcance de la mano con el paso de los años, como consecuencia de la apertura al turismo.

Topografía [editar]

Si bien la ciudad antigua, rodeada de murallas, es bastante reducida, Dubrovnik, en su conjunto, se extiende hasta bastante lejos, ocupando las laderas de las montañas, hasta la misma orilla del mar. Se desborda por las penínsulas que la rodean, hacia el norte hasta Lapad y los suburbios de Gruz, el barrio del puerto nuevo (3 km. al norte del casco antiguo). Al sur, la montaña cae tan bruscamente sobre el Adriático que es imposible que la ciudad se extienda en esa dirección. Los grandes hoteles están en la península de Lapad, Babin Kuk y alrededor del puerto de Gruz.

Incendio forestal de agosto de 2007 [editar]

A principios del mes de agosto de 2007, se declaró en Bosnia-Herzegovina, un incendio que rápidamente se desplazó hacia el territorio croata, y que rodeó la ciudad de Dubrovnik. Las altas temperaturas (que superaban los 40 grados) y la sequía facilitaron la propagación del incendio, hasta tal punto de que, poco antes de su extinción el 6 de agosto, se había temido por la integridad de la ciudad amurallada y de sus habitantes.

El estado de alarma, el humo y el sonido de las alarmas por la noche, hizo recordar a muchos habitantes de Dubrovnik, el asedio y bombardeo serbio sobre la ciudad en 1991.

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