La musa triste

15 05 2008

Te levantas cada mañana pensando que el día que te espera no puede ser verdad, sino un mal sueño y que el sueño que acabas de abandonar, por malo que parezca, debería ser la realidad.

Por toda vestimenta, llevas siempre la más incómoda, la que menos te apetece, la que adorna más bien tu extraño mundo que a ti mismo, la que nada puede hacer contra cualquier frío, ni contra cualquier calor. Mejor sería ir desnudo, pero no.

Por todo desayuno, un buen puñado de suspiros, con suerte agua caliente y pronto ya un cigarro, o dos. Humo.

Comienzas a odiar a casi todos los que se cruzan en tu mirada. Por arrogantes, por estúpidos, por extraños siempre, por felices, por estúpidos. Por estúpidos.

Llegas a dondequiera que vayas y no te alcanza la voz a decir tu primera mentira, “Buenos días”, sin fuerzas para levantar la vista del suelo que te acompañe.

Intentando solucionar problemas que no te importan, de personas que no conoces y de los cuales hace tiempo que te insensibilizaste, se pasa la mayor parte de tu tiempo. Hora tras hora. Día tras día. Semana tras semana. Mes tras mes. Año tras año. Vida tras vida.

Si tienes suficientes fuerzas e inteligencia, alcanzas a verte desde fuera. Y la piel te la ves como la rama que, de pura sequedad, ha muerto y se quiebra con sólo tocarla. Pareciera que no tuvieras ni una gota de agua, nada limpio. ¿Y para que beber y cuanto?

Alcanzas a verte desde fuera y por todo sabor recuerdas sangre, y las cuentas del mal físico que llevas hace tiempo que fueron perdidas. Y las cuentas del mal espiritual han llegado a cuartearte la comisura de los labios, de los ojos, han llegado a ponerte en carne viva los nudillos. Las manos, para siempre, en los bolsillos.

Encontrándote en lo más profundo recuerdas al crío que una vez fue, que por todo sueño cambiar el mundo podía, que reía y sonreía por y para todos y que a todo lugar llegaba corriendo con el viento. Y lo ves arrinconado al fondo del baúl, abrazado a sus rodillas. De vez en cuando mira hacia la luz y tu no estás.

Y recuerdas como en el mismo baúl están tus mejores deseos, tus mejores momentos, la fuerza del mismo Rey del Universo que un día fue. En el mismo baúl, bajo la losa de siete llaves y otros tantos avernos, está todo lo que siempre quisiste ser. Y que ahí quede, al menos.

Donde quiera que mires ves tus ahogos y tu eterna soledad tan mal acostumbrada, tus nudos en la garganta y que sólo respiras aire caliente. Ves como defraudaste a tus progenitores y a tus amores, ves como nada te importa, amigo, amor de mis amores. Y el lugar donde vives no es para vivir, casi ni para estar, nunca para quedarse. Y siempre, siempre, siempre estás y estarás solo en esa soledad que sabes que sí es para quedarse.

La musa triste, y no hay negro sobre blanco que te sirva para aliviar peso, no hay escritura posible y tu música queda muy, muy lejos. Que ya perdiste el oído de tanto afinar queriendo oír lo que queda de ella en la distancia. Sólo, lejos, sin alas, sin “pies para que os quiero” y con el cobarde deseo de escapar. Siempre escapar.

La musa triste. Sin embargo, algo merece la pena. A veces pasa que, una sola lágrima encierra en sí más belleza y dignidad que todos los océanos de risas y carcajadas.

La musa triste.





fade to black

5 12 2007

En un fundir a negro, los ojos se cierran en cortinajes de párpados eternos. Quiero que los años 50 lleguen a mi vida, vestir traje perenne y elegante sombrero, mostrar mi vaho en un paisaje de invierno y mirar hacia lo lejos, tan lejos, para saber que aún nos queda París.
Años 2000… ill society.

Acuerdos de paz con sentido de revancha.





Atlantic sounds

1 12 2007

 

 

Persíguelo eternamente, debes seguir buscando ese rayo de luz de luna. Me decía constatemente, una y otra vez, aquella voz en sueños. Y descubrí , al despertar, que era noche de luna nueva. La busqué de forma desesperada, perdiendo su rastro, enredado en mis huellas, oscuras y vacias, en la noche sin estrellas.

 

  • It sounds. Atlantic. Keane. Under the iron sea.

 

 





Regression…to perfect

30 11 2007

Julia es luz. Lleva tiempo, mucho tiempo, brillando y haciendo que sus ojos hagan girar nuestras vidas. Y hoy lo mejor que puede hacer es permanecer callada, buscar en silencio nuevos puentes con los que poder cruzar hasta donde ya no estamos. Y me preguntas que por qué ya no la esperamos… si ya lo sabes, tú quisiste marcharte, lentamente, en busca de la perfección, lo hiciste a viva voz, gritando el pasado… y si lo sabes, porqué me lo preguntas. ¿No es irónico?.

Hoy leo en primera pagina que el puente que cruzaba hasta donde estamos ha caido, ha cedido por el peso… de un solo recuerdo, y desde ese momento estoy desesperado, roto en llanto, al saber que no puedo volver cuando nunca quise que llegaras.





So need

30 11 2007

Sé que habitas hace tiempo ahí, dónde no puedo verte. Oculta entre puntos, comas, voces de ecos perdidos, marginales historias de fracasos y lágrimas rotas, que se resbalan en tu acerado marchito, resbaladizo y pétreo, que tanto me recuerda a tu corazón, duro y negro, que olvida latir, que olvida el deseo, que envuelve en la noche este abrazo muerto.





Hoy me desperté buscando tu sombra en mi almohada.

30 11 2007

Hoy me desperté buscando tu sombra en mi almohada.

Abundante tinta en mis manos y manchas de rimel en el cuello de mi camisa. Me pregunté si habías llorado, si mis manos estaban ensangrentadas, si volverás a cruzar la calle, si me esperarás borracha, embriagada de temor o estarás vencida, dándome de nuevo la espalda, como en aquella noche fría, que hoy tanto me cuesta recordar, que siento tan lejana y perdida, como los ecos de tu voz, difuminado en tu sonrisa, que tanto extraño, que tan feliz me hacía.

Hoy miro al norte, y la estrella polar me guía hacia ti, soledad eterna fría y blanca, tan lejana y amada en esta mi vana esperanza.





La noche es tan fría como las despedidas olvidadas.

30 11 2007

 La noche es tan fría como las despedidas olvidadas.

Te veo cruzar la calle, asustada, bajo esta maldita lluvia que cala nuestros huesos y que me hace olvidar tan pronto tus besos. Saco de mi bolsillo mi gastada agenda, en la que apuntar los recuerdos que dejaron atrás tus pupilas. Pero maldito es el destino que me obliga a escribir con tinta china, derramándose como lágrimas negras en el asfalto para devolverme a la rutina.

Dejarte escapar es perderte, para despertar y no querer morir todavía.